Y es que no le odio a mi abuela, como ella sostiene, porque según la señora el que yo tenga dolor de barriga es que le odio, que me moleste con mi mamá porque (otra vez) nos prometió algo a sus hijas y no nos cumplió… es que la odiamos a ella.
¡POR LA GRAN PUTA!
Es que en esta familia es mucho pedir que de vez en cuando nuestra mamá nos dedique un poco de tiempo a sus hijas, que no les conteste a los amigos, que no esté estudiando, que no esté con su mamá o con sus hermanas…. No es que me importe compartir con ellos, pero considero que hay un tiempo para ella y su mamá, hay un tiempo para ella, su mamá y sus hermanas, hay un tiempo para todas nosotras juntas, hay un tiempo para ella y sus amigos… pero también hay un tiempo para nuestra madre y nosotras. Y no el tiempo ausente que nos da, un tiempo en el que nos dice: shhhh! estoy escuchando la radio, shhhhh! estoy estudiando, shhhhh! estoy trabajando. Es tiempo, pero no es tiempo de calidad. Nos escucha a medias y nunca sabemos si le interesa o simplemente lo hace porque debe… Nos escucha sin interesarle nada, al menos en apariencia.
Y es que se ha vuelto una costumbre desde hace meses el que cada vez que se saca el tema hay pelea. Pelea conmigo porque yo se lo saco. Y todo lo que yo saco como conversación es agresión, ¿por qué? Porque todas están metiendo presión porque tienen las esperanzas de que eso implique que mi mamá va a pasar a cuidar a mi abuelita a tiempo completo, como parecen ser sus expectativas.
Parecen temas ajenos, pero acá… cuando se incluye una razón se les incluye a todas, y básicamente todo lleva a que soy una carga porque le quito tiempo y recursos a mi mamá para dedicarse al cual debería ser su trabajo de tiempo completo ya que es divorciada. Entonces, cualquier pelea que se pueda introducir parece ser bienvenida, y cualquier argumento que haga al fuego más grande y más fuerte, es abrazado y alentado.
Y mi mamá… Es muy fuerte con nosotras al rato de ponernos límites, hace su trabajo y ahí actúa con mucha fortaleza también, pero con ellas es incapaz de decirles no. Depende de ellas en muchos sentidos y sé que les debemos mucho, pero me enoja que ella misma les de tanto poder a cambio de la ayuda que se da de buena voluntad. supuestamente. Pero todo eso la estira y la estresa y las únicas que acaban de pagar los platos rotos somos nosotras, porque a ellas les toca la buena cara, la sonrisa, la ayuda, el tiempo. No me gusta, no me parece justo, y no hay nadie que quiera tanto el que yo consiga un trabajo como yo. El rato que ya tenga el trabajo podremos costearnos un departamento en otra zona de la ciudad, que nos libere de la eterna pelea de que yo debería casarme y largarme, o aunque sea solo largarme porque soy una carga y un mal recuerdo de un matrimonio infeliz.
¿Por qué no pueden ir a ahogarse en sus propias miserias en vez de sacar y fomentar esos resentimientos ridículos y peleas?