lunes, 27 de febrero de 2012

Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Nunca había llorado tanto...
Ni siquiera cuando me encerraron en el baño y me dio ese ataque cuando niña, primos estúpidos.
Ni siquiera en los cuatro años en el colegio que detestaba.
Ni siquiera cuando termine con Jared.
Te odio.
Te odio.
Te odio porque yo te amo y a tú solo me quisiste, como se quiere a una amiga, como se quiere a un buen recuerdo.
Y otra vez, me encuentro con alguien, después mi padre, que cuando yo le amo.... Me quiere como se le podría querer a cualquier otra persona que hubiera hecho lo mismo en esas circunstancias. Pero no como al individuo único e irremplazable de la vida.
Espero, ruego a Dios, que de aquí a un año, tanto mi padre como tú, ya no me importen más.
Ruego que me levante y no mire atrás. Y ruego que aparezca alguien a quien quiera así y me quiera de vuelta, porque estoy cansada, estoy podrida, de que las personas a las que quiero no me quieran a mi. Quiero alguien que me quiera así... Porque sino no sé como voy a vivir el resto de mi vida, sin eso... Quiero más, quiero ser codiciosa y tenerlo... Porque no estoy dispuesta a llorar más porque alguien no me quiera, y sé que de todos modos lloraré, porque siempre lloré porque mis primos no me querían, es más, esos primos nunca me quisieron y nunca me querrán. Porque por dentro me destroza que esa persona que admiraba como a nadie, porque era mi padre, no me quiere, llora más por el perro que ni siquiera fue a cuidar cuando murió, que por mi, y hace menos que nadie por mi bien, y hace más que todos, por hacer daño a mi madre, y me lo hace a mi.
No quiero saber de ti hasta que esto deje de doler. Y Dios quiera, por favor, por lo más sagrado... Deja de doler... Deja de mandarme tantas lágrimas, ya no las quiero, no por estas razones... Por favor... Ya no quiero más...
¿De qué me sirve ahora admitir cualquier cosa? ¿Y más específicamente mis sentimientos?

Excepto para aclararme las cosas y tomar una resolución (y cumplirla), o sea para mi misma y mi beneficio personal, de nada.
Hace mucho que ese asunto esta decidido. Y no solo por mi.

Despertar abrazada por mamita, aunque no me diga nada, aunque su consejo no llegue a formularse en palabras, es lo que me hace falta. Porque no pido que me digan como hacerlo, pido que me abracen y me sostengan cuando ya no me sostenga yo sola. No sé si me explico.

Dicen mis amigos que los chicos no saben hacer esa gracia de apoyar porque si… Que es su manía dar consejo. Bueno, creo que las chicas también lo hacemos. Pero al final a veces no importa si eres chico o chica, si necesita apoyo y te lo pide, eso no es expresado con palabras, es expresado con ese abrazo y esa caricia.

Que te estrujen los huesitos en un abrazo y llores hasta que el corazón se sienta aliviado no esta mal. No esta mal decir me siento mal a tus amigos. El fingir que todo esta bien no funciona. Y esta mal fingir que puedes solo y sentir al final del día que a nadie le importas. Mejor prueba si a alguien le importas, y de ahí, si es así, si a nadie le importas, echare a morir hasta que vuelvas a encontrar fuerzas en tu voluntad de vivir, en tu deseo de encontrar algo a lo que atarte para seguir caminando… Aunque eso no pase hasta veinte años después, porque espero que cuando pase, valdrá la pena el haberte sacado el sucio, el llorar hasta quedarte vacío y puedas volver a la lucha, una y otra vez, aunque a veces haya sido solo, aunque a veces hayas tenido amigos junto a ti.