Hoy, o más bien ayer... Regrese al pasado, unos cinco o seis años, con una canción, volví a aquel tiempo en el que nos consolábamos mutuamente nuestros días tristes, en los que mandábamos al diablo al mundo por nuestros días malos y ante todo... Siempre estábamos el uno para el otro, en los llantos, en las risas, en las ansias de caricias lejanas. Siempre anhele verte y tenerte a mi lado, y a pesar de que era perfecto, no debía ser porque si sentía que yo era la que estaba dando todo por mover al mundo... Pero ninguno de los dos en realidad hizo el menor movimiento, estábamos demasiado cómodos en esa perfección, así funcionaba. No sé si hubiese funcionado estando juntos realmente. Te ame y te amo, nunca dejaré de amarte, pero ya no te amo así... Es complicado... Ya no eres ese aquel de quién deseo los besos y las caricias, no eres del que quiero oír la voz, ni sentir la respiración en mi cuello al leer un libro.
Esa chispa de amor creo que se murió hace mucho pero mucho tiempo...
Luego pasé por la canción del despecho, mi himno para ti... Esa canción que me decía que ese amor perfecto que te tengo existió, pero que yo misma me engañé por tener unos meses de felicidad contigo, sabiendo que nunca se completaría nuestro amor perfecto... Qué nunca tendríamos a esos pequeños, a quienes planeabas bautizar con nombres celtas y de los cuales negociábamos el orden de los nombres, porque planeábamos un futuro que sabíamos no teníamos en nuestras manos.
Fue perfecto, porque no tuvo mayores consecuencias... Excepto esa sensación de que algo tan intenso no pasará con facilidad una vez más. Porque para que suceda necesitaré la colaboración de alguien que me provoque esa intensidad, y hasta ahora, me he mantenido en mis 13, sin excesos, ni locuras... Y tengo la impresión de que muero por dentro, queriendo amar a un hombre con la misma intensidad, pero con pasión y locura, con estupidez casi... Hasta perder la cabeza en su abrazo...