domingo, 8 de mayo de 2011

Camino por los jardines de mi infancia y solo pienso en tu sonrisa al enfocar aquellas rosas blancas que marcaron mi vida con la pureza de sus formas diminutas. Veo cuantos años han pasado por los troncos de los árboles y trepo a las ramas del aguacatero por una escalera, es imposible ya el abrazarme a las ramas, no solo porque también ha crecido, sino porque ahora voy con vestido...
Regreso nuevamente a los jardines, los limoneros van más allá de lo que alcanzan mis brazos y la hierba ya no es podada regularmente, altas espigas y flores silvestres rozan mis tobillos al pasar mientras una mariposa revolotea sin descanso entre las rosas… Y pienso en mí.
No solo he crecido, sino que he cambiado. Soy una persona distinta con las mismas ropas de aquella que solía ser. Y entonces he de admitir que ya no soy una niña, que soy una mujer. He dejado de pretender ignorancia, porque mi cuerpo y mi mente ya no son lo mismo que hace algunos años… Ya no puedo pretender que soy grande para sentirme admirada por aquellos adultos por mi conversación, pero aún así, me falta un largo camino para dejar de ser una niña…


Vuelvo a los jardines de mi infancia y me arrobo en las caricias de las flores que acompañaron mis sueños infantiles…

Y pienso una vez más, ¿por qué nunca dormí en la hierba siendo una niña Quizás es un placer que debí descubrir siendo adulta para comprenderlo…